Entrevista a Rubén Baraja — “Mestalla es mágico”

Entrevista a Rubén Baraja — “Mestalla es mágico”

¿Cómo ha pasado el verano? ¿Ha sido más extraño de lo habitual al no estar dirigiendo a un equipo? He tenido dos experiencias como entrenador a nivel profesional y siempre ha sucedido algo extraño en ambas. En Elche no sabíamos en qué categoría íbamos a jugar, apenas contábamos con presupuesto para fichar y sin embargo salimos adelante y supimos competir. Y el año pasado en el Rayo las cosas no salieron bien. Ahora debo esperar a que aparezca otra oportunidad.

En este tiempo, ¿ha podido desconectar o sigue pendiente del fútbol al cien por cien? Nunca desconectas. Estás algo más tranquilo pero aún así la profesión es muy exigente. Tengo que estar pendiente de cómo se confeccionan las plantillas, seguir a entrenadores, a jugadores…

baraja1Entonces, ¿vivía mejor como jugador que ahora como entrenador? Ser entrenador es mucho más sacrificado y exigente que cuando eres jugador. Siendo entrenador tienes que estar pendiente de todo y, en cambio, cuando estás en el campo dependes solo de tu rendimiento. El entrenador debe estar 24 horas pensando en el fútbol y el jugador, en cierta medida, disfruta de más espacio para desconectar.

Ahora que está al otro lado de la barrera, ¿entiende más a los que fueron sus técnicos? Sin duda. Cuando eres joven no entiendes las cosas de la misma manera que conforme vas adquiriendo experiencia. Cuando tenía 25 o 26 años no me planteaba ser entrenador y, en cambio, cuando se iba acercando el fin de mi carrera, buscas cuál puede ser tu espacio, dónde te vas a sentir más cómodo, más feliz y me decidí por el banquillo. Es lo más parecido a ser futbolista.

Han pasado 17 años desde su llegada a Valencia. ¿Pensó en algún momento que aquel verano del año 2.000 cambiaría su vida? No. Cuando apareció la opción de venir al Valencia, este era el único club de España en el que no conocía a nadie. ¡Dios santo, venían de ser subcampeones de la Champions y no tenía relación con nadie de ese vestuario! Yo apenas había jugado 80 o 90 partidos en Primera y fíjate, tantos años después me siento casi un valenciano más, entre otras cosas, porque he vivido aquí la mitad de mi vida.

¿Qué significa hoy el Valencia para usted? El Valencia son recuerdos imborrables. Mucha emoción, mucha pasión. Aquí las he vivido de todos los colores: desde jugar finales de Champions, pasando por ganar una Liga 31 años después, levantar tres títulos en una misma temporada y acabando por sufrir épocas malas en los que el equipo perdió la identidad. Y por supuesto, un día que no olvidaré fue el de mi despedida. Mi retirada del fútbol en activo en Mestalla y aquella ovación fue el premio a todos mis años de carrera.

¿Todavía duele aquella final de Champions en Milán? Sí. Fíjate, los más veteranos de aquel equipo como Cañizares, Carboni, Ayala…ya sabían que ésa iba a ser su última final. Los demás éramos más jóvenes y no éramos tan conscientes. Sin embargo, el tiempo demostró que jamás volvimos a estar a ese nivel. Fue una desgracia. Fue un final que peleamos bien. Pasamos momentos buenos y nos levantamos en los momentos malos del partido. Y los penaltis fueron mala suerte. ¡Que parando dos penaltis no seas capaz de ganar una final…!

¿El partido ante el Espanyol con sus dos goles fue su mejor actuación como valencianista? Quizá sí. Aquel año pocos pensaban que aguantaríamos la presión de poder ser campeones de Liga. Y aquella noche fue la demostración de que sí era posible. Además se pusieron 0-1, expulsaron a Carboni y aún así le dimos la vuelta con la afición volcada con nosotros. Es algo irrepetible, imborrable y con el paso del tiempo todavía adquiere más valor.

¿Buscar siempre la comparación de la situación actual con el mejor Valencia de la historia es contraproducente? Nunca hay que comparar etapas. Nosotros tuvimos nuestra época, tal vez la última gran época del Valencia. Pero el fútbol es cíclico y si consigues hacer la cosas bien, trabajas, afinas mucho y el club tiene clara la identidad que quiere tener, ¿por qué vas a volver a competir con los mejores? Considero que el Valencia es un equipo que debe crecer desde unas ideas claras y si lo hace no tengo dudas de que volverá a pelear con los mejores. Puede conseguirlo.

Habla de afinar, ¿con Marcelino se afina un poco más? Marcelino es un buen entrenador para el estilo histórico del Valencia con unas características muy claras y definidas. Pero él, como todos necesita buenos mimbres para hacer un buen equipo. Además la afición está barajailusionada y va estar apoyando.

¿Sueña con ocupar algún día el puesto que hoy ostenta Marcelino? No me quita el sueño. Sé lo que cuesta hacerse un nombre en el mundo del fútbol como entrenador. No voy a negar que es una ilusión para mí, pero no es algo que me plantee a corto plazo. Tengo que trabajar mucho, que demostrar mucho más para llegar a un banquillo tan importante como el del Valencia.

¿Algún entrenador actual cuenta con un Baraja -futbolista- en su plantilla? (Ríe) Es posible que la especificidad en mi posición ha ido variando. Muchos equipos juegan con tres en el centro del campo y si no tienes un ‘8’ que luche, que trabaje, que llegue al área, que sea un pulmón y que marque goles, entiendo que los técnicos apuesten por el trivote. No es fácil encontrar ni un ‘6’ ni un ‘8’ específicos.

Y en este análisis, ¿dónde le encaja Carlos Soler? Porque usted ya lo ha dirigido… Carlos tiene unas condiciones brutales en todos los sentidos. Técnicamente está muy bien dotados, cuenta con un físico muy bueno, tiene calidad, llegada, último pase, ocupa mucho espacio en el terreno de juego y encima cuenta con capacidad para llegar a las dos áreas. Su futuro dependerá de la ambición y de la mentalidad que él tenga. Ya ha conseguido algo muy difícil como es irrumpir con la fuerza que lo ha hecho en el primer equipo.

Soler es uno de los ídolos de Mestalla, como en su día lo fue usted. ¿Qué sensación le recorre el cuerpo cuando se acuerda de todo aquello? Mestalla es mágico. Cuando consigues conectar con el público, cuando la gente te respeta y te valora es como si estuvieras jugando en el patio de tu casa. Mestalla es un público exigente pero a la vez muy fiel. Quiere que des lo máximo y esto hay jugadores que son capaces de soportarlo y otros que no. El Valencia tiene que buscar a los primeros para formar un equipo competitivo.